“Voy a correr hasta que el de arriba se acuerde de llevarme”, decía Emeterio Ramón Guzmán Aliste (72 años), quien era el jockey activo de mayor edad en el país y que falleciera el domingo tras complicaciones luego de una operación de urgencia derivada de una caída sufrida el miércoles pasado en el Club Hípico.

A los 12 años, su padre lo llevó a ver su primera carrera al Hipódromo Chile, generando un lazo inquebrantable. Tres años más tarde tuvo la oportunidad de iniciar una carrera como jockey en Punta Arenas y no dudó en partir al extremo sur, donde triunfó. En 1971 vivió siete meses en Estados Unidos, país en el que también obtuvo triunfos. Tuvo un hijo, pero la muerte de una hija lo marcó para siempre.

“Emeterio nunca tuvo un cambio, siempre fue el mismo. Estuviera bien o mal, no transmitía su penas, sus dolores. Lo tenía que interrogar mucho para saber si estaba pasando por un mal momento. Era muy generoso en transmitir energía positiva y no era fácil interpretarlo. Siempre tenía la alegría a flor de labio. Era un profesional ideal y mejor amigo”, expresa José Tomás Allende, preparador hípico y amigo que trabajó 30 años con el jockey.

“Don Eme”, “Tata” o el “Loco Emeterio”, como le decían en las caballerizas, fue una de las personas más queridas en la actividad. “Él era el ‘Tata’ para todos; todo el mundo lo respetaba. A pesar de la tremenda pena que le causó la muerte de su hija, su nieta Catherine era todo para él”, aporta Allende, quien también entrega mayores detalles del accidente: “Al entrar a la cancha, la potranca que estaba montando se desbocó y salió corriendo a una velocidad impresionante. Yo estaba a lo lejos y la vi pasar muy fuerte. Solo dije ‘va a quedar muy cansado, Emeterio’, pero luego me avisan que se cayó, y pensé ‘otra vez va a tener el hombro fuera’, porque tenía problemas en la zona, pero de a poco fuimos dimensionando lo que había pasado. Pensamos que no era nada, pero ya el jueves sabíamos que había sido intervenido y que estaba con respiración artificial. Había mejorado y lo iban a desconectar, supuestamente, el sábado para ver cómo evolucionaba, lo que no me parecía, porque había que dejarlo tranquilo. Cuando estaba mejor, se descompensó violentamente”, contó.